Francisco Escura Foix

Sacerdote (Benicarló, Castellón, 22 mayo 1898 - Benicarló, Castellón, 6 septiembre 1936, 38 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Su pueblo natal, aunque de la Provincia de Castellón, pertenecía a la Diócesis de Tortosa: toda su formación sacerdotal y sus relaciones fueron con la Diócesis tortosina.

Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la Parroquia de Sant Bartomeu de Benicarló, siendo sus padres Francisco Escura Ramón, albañil, y Francisca Foix Berga. Tuvieron cuatro hijos, siendo don Francisco el tercero. Sus primeros estudios los hizo en el Colegio de San Luis Gonzaga de los Hermanos de La Salle de su pueblo natal.

En Tortosa ingresó en el Colegio de San José en 1910, con 12 años, y cursó en él todos los estudios eclesiásticos. Los cursos teológicos, seis en total, coincidieron con el rectorado en aquel centro del beato mártir José María Peris Polo, quien supo guiarle espiritual y académicamente, además de sacar partido de sus buenas dotes para el canto. Su compañero don Tomás Sanz Fullonosa, sacerdote, le recuerda como “un joven muy sencillo y humilde, muy buen compañero. Tenía una gran voz de barítono”, y añade que el beato Peris Polo compuso el famoso “Haec est dies” pensando en su voz y que él fue quien lo interpretó por primera vez. Prosigue: “Era Mosén Escura tan sencillo y natural que llegaba a ser casi infantil”.

Fue ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1923, en el Seminario Conciliar de Tortosa. Fue nombrado coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Gandesa, pero sólo estuvo tres meses. Pasó a la Parroquia de Sant Jaume Apóstol de Torre del Español, durante un año, y el 1 de febrero de 1926 tomó posesión de la coadjutoría de ayuda de la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de Alcora (Castellón).

Mientras servía aquí, quedaba vacante la plaza de sochantre en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Esta relación con Córdoba se explica  porque en sus años de Seminario fue su Rector el beato mártir José María Peris Polo, que luego pasó al Seminario de Córdoba en 1926. Su decisión de presentarse a la oposición de sochantre viene mediada por esa relación.

Los ejercicios de oposición comienzan el 22 de diciembre de 1927. El día 29, el Cabildo aprueba por unanimidad el informe técnico del Tribunal de Oposición, presidido por el mallorquín don Rafael Vich Bennasar, Maestro de Capilla, y aprueba a don Francisco. Tomó posesión de su canonjía el día 10 de febrero de 1928.

Fuera de los actos de culto de la Catedral, el Obispo Pérez-Muñoz le nombra miembro de la Comisión Diocesana de Música Sagrada, junto con el beato mártir Peris Polo (Rector del Seminario) y el Maestro de Capilla don Rafael Vich Bennasar. Como muchos otros sacerdotes cordobeses, asistió al Congreso Mariano Hispano-Americano de Sevilla en 1929.

Sus aspiraciones estaban en volver a su tierra natal. Al saber de la vacante de Sochantre en la Catedral de Tarragona y de las oposiciones convocadas para cubrir esta plaza, pide licencias y testimoniales el 21 de mayo de 1928 y el Cabildo se las concede. No debió de prosperar su intento porque lo vemos estable en Córdoba hasta el año de su muerte. Siempre mantuvo la costumbre de pasar las vacaciones en su tierra natal, lo que explica el hecho de su muerte en Benicarló.

Poco se sabe sobre su muerte y sepultura. Según don Álvaro Año, “vino a refugiarse en su casa. Allí le escondían en una cisterna vacía que tenían, como a José. Y, también como José, fue vendido, pero no por sus hermanos, sino por una persona amiga suya que lo denunció (según dicen). Lo metieron en la cárcel (…) Posiblemente lo subieron a un coche y no se sabe dónde lo mataron. Dicen si lo echaron a un pozo en el término de San Jorge donde metieron a muchos. (Hay un monolito en la carretera). Era el 6 de septiembre de 1936”.

Su partida de defunción certifica que falleció el 6 de septiembre de 1936 a consecuencia de hemorragias; pero este dato aparece escrito sobre un texto borrado previamente y que resulta totalmente ilegible, y además aparece en blanco el lugar de la sepultura.

“Estoy seguro -escribe don Tomás Sanz-, que el Señor ya le ha dado la gloria, se lo merecía por su ejemplaridad sacerdotal, confirmada con la sangre del martirio”.

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