Francisco de Paula Ortega Montilla y María Antonia Vergara Melgar

Matrimonio y laicos. ( Puente Genil , Córdoba; él, 29 agosto 1868; ella, 9 mayo 1867-Puente Genil, Córdoba, 23 julio 1936, 68 años ambos)

 

   Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Don Francisco de Paula era hijo de José Ortega y María del Carmen Giménez Montilla (el primer apellido se dejaba de lado en el pueblo por costumbre). Fue bautizado al día siguiente de nacer en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Purificación de Puente Genil.

Doña María Antonia también fue bautizada al día siguiente de nacer y en la misma Parroquia que él. Era hija de Rafael Vergara Cubero y María del Carmen Melgar Parejo.

No se sabe nada de sus vidas antes de casarse, aunque se conoce que sus respectivas familias eran religiosas.

Su matrimonio canónico se celebró el 6 de enero de 1895 en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Purificación de Puente Genil. Era una pareja joven: él 26 años, y ella 27. Tuvieron su domicilio familiar en la Calle Aguilar, número 15, con una pequeña tienda localizada en el mismo portal de la casa, dedicada a la venta de artículos de papelería y religiosos, incluidos libros. Don Francisco de Paula también tenía buena mano para la talla y el trabajo con la escayola. Este matrimonio era bien conocido y estimado en Puente Genil por su carácter servicial y bondadoso, dos personas mayores cariñosas y respetuosas con todos aquellos que se acercaban a su sencilla tienda. No tuvieron hijos, y toda su fortuna la dedicaron a ayudar a la Iglesia, en especial a la Cofradía del Señor de la Columna y a la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias a las que costearon unas imágenes, y en obras de caridad. Poco les quedó de patrimonio tras todas estas buenas obras, tan sólo su casa y su pequeña tienda. Su única afición, por así llamarla, era la Iglesia, junto con el rezo diario vespertino del Rosario y la asistencia frecuente a Misa. Nunca pertenecieron a un partido político ni se les oyó hablar en público sobre este tema.

Al iniciarse la Guerra Civil, la población de Puente Genil quedó en manos de las derechas desde el 19 de julio de 1936, tras el levantamiento de las tropas franquistas. El día 22 de julio llegaron en un tren, procedente de Málaga, unos contingentes comunistas que entablaron una lucha feroz. Tras triunfar éstos, se procedió a arrestar a todas las personas que se relacionaban con las derechas o que destacaban por sus posturas religiosas.

Muchos de los sacerdotes de la localidad y algunos laicos fueron detenidos, tal y como se ha narrado en sus biografías, y fueron llevados presos a la estación y encerrados en unos vagones.

Don Francisco y doña María Antonia sufrieron un trato diferente, habida cuenta su profesión y de las circunstancias de los grupos de exaltados que se dispersaron por Puente Genil.

Mons. Montero Moreno en su libro “Historia de la persecución religiosa en España (1936-1939)” (BAC, 2ª ed., rev., 1ª imp. (6/2004) Colección BAC, 204) recoge estos datos: “Aun careciendo de toda otra información complementaria, ya es suficiente saber que a don Francisco de Paula Ortega Montilla, septuagenario y dueño de una librería religiosa, fue quemado vivo junto a su esposa, atados los dos de pies y manos, dentro del establecimiento, al que prendieron fuego desde fuera después de rociarlo con gasolina. Esto ocurrió el 23 de julio de 1936”. Mons. Montero Moreno califica a estos casos como “la peligrosa vecindad de la sotana”, mostrando que la Persecución Religiosa iba contra todo lo que tuviese que ver con Dios o con el Catolicismo. El P. Aracil, SJ, en su libro “Dolor y Triunfo” (Tipografía Casals, Barcelona 1944), es la fuente original de esta información, de la cual bebe Mons. Montero Moreno.

Además, antes de la apertura de esta causa, un testimonio oral corroboró estos hechos, y precisaba que fueron atados con un alambre de espino, para ser quemados vivos dentro de su tienda y librería religiosa.

Fueron enterrados en la fosa común de los caídos del Cementerio de Puente Genil, reuniéndose con los de tantas personas asesinadas del pueblo. Son imposibles de exhumar, pues en la actualidad esta fosa, localizada en una calle entre dos paredes de nichos y bajo un ciprés, está cubierta con hormigón porque presentaba signos de humedades y corrimientos de tierra que hacían peligrar la zona.

La fachada de su casa tuvo un azulejo conmemorativo, hoy desaparecido, con la fecha de su martirio y una imagen de la Virgen de los Desamparados. Pero aún conservan una calle rotulada con sus nombres.

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