Francisco Barbancho González

Sacerdote (Hinojosa del Duque, Córdoba, 26 octubre 1905 - Belalcázar, Córdoba, 20 agosto 1936, 30 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Nació en una familia muy cristiana, formada por Isidoro Barbancho López y Petra González Sanz, de la que tres hijos alcanzarán el sacerdocio (uno también será mártir: don Blas Jesús Barbancho González). Dos tíos paternos suyos eran sacerdotes. Fue bautizado tres días después de nacer en la Parroquia de San Isidro de Hinojosa del Duque.

Con 11 años, tras concluir sus primeros estudios, solicita entrar en la Preceptoría local de Latín y Humanidades, con un informe positivo de su párroco: “Ha observado buena conducta y ha dado pruebas de vocación al estado eclesiástico”. Aquí transcurren sus tres primeros años de estudios pre-eclesiásticos, y pasa posteriormente al Seminario de San Pelagio como interno en el curso 1919-1920, en el cuarto curso de Latín y Humanidades.

Fue ordenado presbítero en diciembre de 1928, en las Témporas de Adviento, por Mons. Adolfo Pérez Muñoz.

El 5 de febrero de 1929 recibe su primer destino sacerdotal: coadjutor de la Parroquia de San Sebastián de Espiel. Pero tan sólo cuatro meses y medio más tarde es destinado como coadjutor a la Parroquia de Santiago el Mayor en Belalcázar.

Siete años desempeñará su ministerio sacerdotal en este pueblo, haciéndolo con celo y fervor, a pesar de su maltrecha y quebrantada salud; el médico le prescribió incluso que pasase temporadas en el campo para recuperarse. El párroco don José Camacho Moreno (también mártir y el mismo día que don Francisco, inmolados ambos en el mismo grupo) opina que su coadjutor tiene una “intachable conducta sacerdotal, prudencia y celo”. El arcipreste don José María Sanz, en la preceptiva visita canónica del año 1930, añade: “El nuevo (coadjutor) está muy querido del cura y las Religiosas de la Divina Pastora de las que era capellán”.

El 18 de julio de 1936 Belalcázar se sumó a los sublevados. El 13 de agosto de 1936 las fuerzas atacantes republicanas, encuadradas en una columna, asedian Belalcázar. Tras tomarla, llevaron a cabo numerosos asesinatos de personas de derechas, y empezaron a buscar a los sacerdotes, además de causar no pocos destrozos materiales, en especial en todo el patrimonio religioso, que era rico y abundante.

En concreto don Francisco buscó refugio provisionalmente en la casa de doña María Delgado, donde había estado establecida una importante sede catequística. Permaneció escondido allí unos días.

Apresado en el antiguo Hospital de Belalcázar junto a su párroco don José Camacho, fue ultrajado y abofeteado los días que estuvo en la prisión, y estuvo detenido junto a los demás sacerdotes de la localidad y otros paisanos. Las vejaciones hacia los presos fueron continuas y prolongadas durante todos estos días.

Finalmente engrosó el grupo de las 19 víctimas que fueron conducidas al Tomillar, un paraje a pocos kilómetros de Belalcázar, en dirección a la Estación (donde existe una cruz que indica el lugar del martirio), en la madrugada del 20 de agosto. Antes de proceder al fusilamiento, los verdugos les obligaron a cavar sus propias fosas. Momentos antes de morir, recibió la absolución de manos de su párroco.

Todos los cadáveres, incluido el de don Francisco, fueron más tarde llevados en unos carros al Cementerio de Belalcázar, e inhumados en una fosa común. Tras el final de la Guerra Civil, fueron exhumados y llevados a un panteón ubicado en el centro mismo del Cementerio, y se colocaron allí unas lápidas con los nombres de los asesinados.

En el caso de don Francisco, el único motivo de su muerte fue por ser sacerdote, pues era conocido como un hombre que en absoluto se metía en política. El odio hacia todo lo que tuviera que ver con la Religión y la Iglesia se hizo patente en Belalcázar con los destrozos sistemáticos y las profanaciones con saña que se realizaron en los edificios religiosos durante esos días de persecución y martirio.

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