Diego Albañil Barrena

Sacerdote (Fuente Obejuna, Córdoba, 29 mayo 1903 - Granja de Torrehermosa, Badajoz, 21 septiembre 1936, 33 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Hijo de Diego Albañil Cabeza y Serafina Barrena Ruiz, un matrimonio humilde y de práctica católica, fue bautizado el 5 de junio de 1903. Sus padres le educaron cristianamente. Fue confirmado en la Parroquia de Ntra. Sra. del Castillo de su pueblo natal el 14 de febrero de 1909, por Mons. Félix Soto Mansera, Obispo de Badajoz.

Con once años de edad ingresó en la Preceptoría local, comenzando sus estudios en el curso 1914-1915. Tres años más tarde pasa al Seminario de San Pelagio; su párroco dice de él: “Es de conducta intachable, estudioso y dando prueba de su vocación, asistiendo diariamente al Santo Sacrificio de la Misa, y comulgando con frecuencia”.

Concluidos los estudios teológicos, recibió el presbiterado el 29 de mayo de 1926.

El primero de julio de ese año, tomó posesión de la coadjutoría de la Parroquia de San Sebastián de Espiel, en la que trabaja hasta la primavera de 1928. En esa fecha se trasladó a su pueblo natal esperando destino. Escribió a su Obispo, Mons. Adolfo Pérez Muñoz, rogándole le diese pronto un destino pastoral.

La respuesta episcopal fue inmediata, nombrándole cura ecónomo de la Parroquia de San Juan Bautista de Argallón, una aldea de Fuente Obejuna, de la que toma posesión el 1 de junio de 1928. De esa Parroquia depende, como filial, la Iglesia de Ntra. Sra. del Rocío de Piconcillo.

Acerca de él y su Parroquia informa en 1930 el arcipreste don José Castro Díaz (también mártir): “Observa vida ajustada a los sagrados cánones y cumple los deberes de residencia, predicación, visita de enfermos, etc.”. En los cuatro informes conservados sobre él aparecen las mismas apreciaciones positivas sobre su vida sacerdotal. Entre otras actividades formativas, perteneció y asistió con regularidad al centro de conferencias sacerdotales de Fuente Obejuna.

Los pueblos donde don Diego prestaba su ministerio pastoral eran muy sencillos y humildes, con relativa actividad pastoral, devocional y cristiana, pero con pocos recursos, lo que le causó estrecheces económicas.

Al quedar suprimida la llamada paga del estado en 1931, se hizo inviable la residencia de don Diego en la aldea, por lo que, a petición del arcipreste se le señaló residencia en Fuente Obejuna desde la cual sirve a la parroquia de esta localidad, y desplazándose a su parroquia los domingos y festivos, además de atender las necesidades espirituales de sus feligreses cuando se lo requerían, a pesar de la indiferencia religiosa y cierta hostilidad patentes.

Los sucesos desencadenados en Fuente Obejuna serán narrados más adelante, en la nota biográfica del Arcipreste don José Castro Díaz (también mártir). El 21 de julio de 1936 fue arrestado el Arcipreste y conducido a la cárcel del Partido donde se encontró con otros cinco sacerdotes, entre ellos don Diego. Allí, rezaba el Rosario por la tarde, junto con los demás presos, y el Oficio Divino. Antes de ser sacado de la cárcel para la muerte, recibió la absolución del Arcipreste, y él mismo se la impartió a éste y luego a los demás presos de la sala adjunta.

La noche del 20 al 21 de septiembre, ya pasada la medianoche, siete camiones cargados de presos salieron de Fuente Obejuna. Junto con otras 42 personas, don Diego fue montado en uno de ellos, con los otros sacerdotes, y conducidos a Granja de Torrehermosa (Badajoz). Durante el trayecto los presos fueron sometidos a numerosas vejaciones y torturas. Seis camiones se detuvieron allí, y uno continuó hacia Azuaga (Badajoz), llevando a los siete beatos mártires Franciscanos de Fuente Obejuna y siete laicos.

Se cumplió el fusilamiento en tandas de seis en seis junto a las tapias del Cementerio de Granja de Torrehermosa, alumbrados por los focos de los vehículos, para ser rematados con un tiro de gracia. Los cadáveres quedaron sin sepultar y en montones a las puertas del Cementerio, siendo luego enterrados en una fosa común. Tras unos meses, fueron exhumados y trasladados a Fuente Obejuna y sepultados con todos los honores humanos y con toda la piedad cristiana. Don Diego fue sepultado junto con todos sus compañeros, pero esa tumba no se ha localizado.

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