Cándido del Cacho Cruz

Sacerdote. (Fuente Obejuna, Córdoba, 3 octubre 1886-Granja de Torrehermosa, Badajoz, 21 septiembre 1936, 49 años)

 Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Fueron sus padres Manuel del Cacho Morán, panadero, y Margarita Cruz Jiménez, que le bautizaron a los tres días de nacer y le dieron una profunda educación cristiana. Fue confirmado por Mons. Sebastián Herrero el 11 de marzo de 1908.

Pocos días antes de cumplir 13 años, solicitó su ingreso en el Seminario de San Pelagio pues, como escribe, “se siente llamado por Dios al estado eclesiástico y desea ingresar para prepararse en el Seminario Conciliar”. Por motivos de pobreza familiar porque tienen que cerrar la fábrica de harina que era propiedad de su padre y uno de sus hermanos, fue admitido en la sección segunda, en el servicio doméstico del Seminario como fámulo. Su párroco informa que “ha observado desde la niñez una intachable conducta tanto moral como religiosa”.

Se aplicó en sus estudios, con un aprovechamiento notable (aunque, ya sacerdote, nunca quiso opositar a curatos), y recibió el presbiterado en la Capilla del Seminario de Sevilla el 23 de diciembre de 1911, por manos del Cardenal Almaraz.

El 22 de enero de 1912, cuando aún cursaba Quinto de Teología y antes de concluirlo, fue destinado a la Parroquia de Santa Marina en Villafranca de Córdoba, residiendo allí con su madre y una hermana. Fiel en el confesionario y la visita a los enfermos, alentó, con su párroco, la comunión frecuente, a pesar de lo difícil de su misión: una catequesis inexistente tanto la de niños como la de adultos, casi sin asociaciones católicas, numerosos pecados públicos de los fieles…

En 1917 es trasladado a Bujalance como capellán del Convento de las Carmelitas Descalzas y coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción durante dos años. Todos los informes indican que don Cándido vivió ejemplarmente como sacerdote y con una conducta intachable.

El 17 de enero de 1919, toma posesión de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Consolación de Monterrubio (Arciprestazgo de Castuera). Tres años de su vida sacerdotal transcurren aquí, erigiendo la Archicofradía del Apostolado de la Oración, la Asociación de las Hijas de María, la Obra de las Marías de los Sagrarios, y arregla el retablo del altar mayor parroquial, con dos nuevas imágenes de los Sagrados Corazones de Jesús y María y un nuevo sagrario. Impulsa también la catequesis de niños. Por todo esto el pueblo fiel reconoce en él a un sacerdote trabajador y celoso de su ministerio.

De Monterrubio pasa a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Concepción en Villanueva de Rey, el 1 de marzo de 1922, como cura ecónomo. Estos cambios se explican por su negativa a presentarse a las oposiciones a curatos. En el informe canónico sobre él de 1929, su arcipreste don José Castro Díaz (también mártir) escribe: “El templo parroquial se encuentra en buen estado, hay orden y extraordinaria limpieza en todas sus partes”. En parecidos términos será el informe de 1934.

Su nuevo destino, porque el de Villanueva del Rey ha sido logrado por oposición por otro sacerdote, será como coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. Anunciación de Belmez, a la que llega en 1929, donde colabora con el párroco don Manuel Ruiz Caballero (también mártir) y participa en todas las actividades de la Acción Católica.

El 1 de junio de 1936 pasa a Fuente Obejuna, su pueblo natal, para tomar posesión de la coadjutoría, pero volvió a Belmez donde permaneció hasta principios de julio.

Según declaración de su hermana doña Herminia, don Cándido estuvo escondido en su casa de Fuente Obejuna hasta el 14 de agosto. Fue apresado hacia las 11 de la noche. Le obligaron a quitarse la sotana y en la cárcel le quitaron también los zapatos y a cambio le dieron unas alpargatas.

Pasadas las 12 de la noche del 21 de septiembre, lo condujeron, junto con otros 42 presos, entre ellos cinco sacerdotes más, en seis camiones al Cementerio de la localidad cercana de Granja de Torrehermosa (Badajoz). Durante el trayecto fueron torturados y sometidos a diversas y continuas vejaciones. En las tapias del Cementerio todos fueron fusilados en grupos de seis en seis. Y los sepultaron a todos en una fosa común.

Pasados unos meses, los cuerpos de los asesinados en Granja de Torrehermosa fueron exhumados y reconocidos por familiares y allegados; los trasladaron solemnemente a Fuente Obejuna para ser inhumados otra vez y definitivamente en el Cementerio de esta localidad. Los restos de don Cándido fueron colocados en un panteón familiar.

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