Buenaventura Rodríguez Bollo, O.F.M.

Religioso y sacerdote (Villalcampo, Zamora, 17 octubre 1898 - Puente Genil, Córdoba, 31 julio 1936, 37 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Recibió el nombre de Lucas en su Bautismo en la Parroquia de San Lorenzo Mártir de Villalcampo, al día siguiente de nacer. Fue confirmado en esta misma Parroquia el 23 de junio de 1907 por Mons. Luis Felipe Ortiz, Obispo de Zamora. Sus cristianos padres, Lorenzo Rodríguez Garzón y Teresa Bollo Domínguez, le encaminaron por los senderos de la virtud con una excelente educación religiosa, creando así en su tierno espíritu vivos sentimientos para abrazar el estado religioso. Más tarde su hermano Francisco hizo lo mismo, falleciendo como sacerdote en el Colegio de Chipiona en 1929.

Tras sus estudios de latinidad, Fray Buenaventura fue admitido al noviciado en el Colegio de Chipiona (Cádiz), donde vistió el hábito franciscano el 7 de septiembre de 1912. Al año siguiente, el 13 de septiembre, emitió la profesión de votos simples y cambiando su nombre por el de Buenaventura, y tres años después, el 17 de septiembre de 1916, profesó solemnemente en el mismo Colegio de Chipiona. Cursados con gran brillantez sus estudios eclesiásticos, fue ordenado de presbítero por Mons. López Criado en Cádiz el 29 de mayo de 1920.

Sus superiores le destinaron a la enseñanza por sus buenas dotes y por la especial capacidad que para ella demostraba: Maestro de Estudiantes y Profesor de Ciencias Naturales en el Colegio de Chipiona (septiembre de 1922-enero de 1929), Profesor en el Colegio de Vélez-Málaga (enero a octubre de1929) y Profesor de Enseñanza Secundaria en el Colegio de Puente Genil (octubre de 1929-mayo de 1932).

El 16 de julio de 1932 fue nombrado Guardián del Convento de Puente Genil, cargo que desempeñó hasta su muerte. En enero de 1934, al restaurarse la Provincia de Granada por el Colegio de Regla en Chipiona, fue nombrado Definidor Provincial.

Fray Buenaventura destacó en Puente Genil por su celo pastoral. Tuvo fama de predicador fervoroso, y sirvió fielmente a los penitentes en el Sacramento de la Confesión. Fueron numerosas las tandas de Ejercicios Espirituales que dirigió a diversas comunidades de religiosas. Y, sin descuidar sus deberes religiosos, estudió y acrecentó sus conocimientos en distintas ramas del saber, en especial las ciencias.

Cuando comenzó a agravarse la situación en Puente Genil a partir del 22 de julio de 1936, los siete religiosos de la Comunidad Franciscana se vistieron de seglares y durmieron fuera del Convento en casas de unas familias bienhechoras y allegadas al mismo. Fray Buenaventura, tras consumir el Santísimo Sacramento de la iglesia conventual, se trasladó a la casa de doña Asunción Reina.

Los Franciscanos decidieron abandonar las casas que les servían como refugio, para evitar comprometer a las familias, y se trasladaron a otros lugares del pueblo, permaneciendo ocultos. Fray Buenaventura, ante el cerco de las milicias que se iba estrechando pues los iban buscando, entendió que el único remedio que les quedaba era morir allí como mártires, cumpliendo la voluntad del Señor. Pero dejó a sus compañeros la libertad de marchar hacia Estepa (Sevilla), cada uno según sus propios medios y bajo su propia responsabilidad, pero con su bendición paternal.

Desde este momento la suerte de Fray Buenaventura y Fray Domingo corre paralela. Ambos se escondieron en la sucursal de la Fonda Española los días 29 y 30 de julio, siendo detenidos el día 31 por unos escopeteros a los cuales pudieron evitar en un primer registro del local. Luego, aquéllos se volvieron a presentar en mayor número, e iba con ellos uno que les había denunciado; ante la evidencia, Fray Buenaventura les contestó sin rodeos que ambos eran frailes franciscanos del Convento de la Victoria. Invitados a seguirles, Fray Buenaventura dijo: “¡Vamos, Padre Domingo, vamos a morir por Cristo!”.

Los dos religiosos subieron a una camioneta en mangas de camisa, siendo llevados por las calles principales del pueblo con gran algazara por tratarse de dos frailes. El P. Aracil recoge el testimonio de Florencia Luque, más tarde religiosa, sobre la serenidad y entereza que ambos frailes mostraron en esos difíciles momentos (o.c., 57). Fueron fusilados en las puertas del Cementerio de Puente Genil, y sus cadáveres los arrojaron a una hoguera en un terreno libre de sepulturas: una hoguera que ya ardía con los cuerpos de otros asesinados. Y lo que quedó de todos ellos fue luego a parar a una fosa común.

Hay que hacer constar que es tío del Beato mártir Miguel Rodríguez Simón, del grupo de Franciscanos mártires de Fuente Obejuna.

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