Bartolomé Carrillo Fernández

Sacerdote. (Pozoblanco, Córdoba, 9 septiembre 1897-Baena, Córdoba,  23 julio 1936, 38 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Hijo de Martín Carrillo García, labrador, y María Josefa Fernández Pozuelo, fue bautizado al día siguiente de nacer en la Parroquia de Santa Catalina de Pozoblanco. Y fue confirmado en esa parroquia el 17 de septiembre de 1900.

Ingresó con once años en el Seminario de San Pelagio; su solicitud indica que tenía “vocación para cursar la carrera eclesiástica y hechos los estudios elementales necesarios”, y pedía ser admitido como interno de la segunda sección por carecer de medios suficientes. El beato mártir Antonio María Blanco Rodríguez, párroco de Santa Catalina, dice en su informe: “Es joven de una conducta moral y religiosa, como lo son igualmente sus padres; frecuenta los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión, y se le observan marcadas inclinaciones al estado eclesiástico”. Sus estudios fueron normales, pero tres años antes de ser ordenado destaca con un alto nivel.

Fue ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1921. En el curso 1920-1921 se licenció en Sagrada Teología. El 1 de septiembre de ese año es enviado a la Parroquia de Santaella como coadjutor. Su párroco se deshace en elogios por su labor pastoral: “Cumple con celo ejemplar los deberes de su cargo en esta parroquia y trabaja con incansable solicitud en la enseñanza del Catecismo a los niños y adultos (…) Cumple con diligencia los deberes de su cargo en la parroquia y procede en todos sus actos como sacerdote ejemplar, y trabaja con celo buscando siempre ocasiones de evangelizar a estos fieles”.

A partir del 5 de agosto de 1922 presta el debido servicio militar.

En 1924 es trasladado como coadjutor a la Parroquia de San Andrés en Alcaracejos, ayudando al párroco don Juan de la Cruz Herruzo Ruiz (también mártir). Su estancia es corta, pero impulsará decididamente la devoción a la Eucaristía, creando la Asociación de los Jueves Eucarísticos.

El 1 de marzo de 1926 es destinado como cura ecónomo a la Parroquia de Carcabuey. Este nuevo destino, un “ascenso”, le permite dedicar tiempo al estudio y en el curso 1926-1927 se matricula por libre en la Facultad de Derecho Canónico del Seminario de Córdoba, concluyendo en junio de 1929 sus tres cursos, y prepara al mismo tiempo los exámenes del Concurso de Curatos de noviembre de 1928.

Prevista la vacante de Maestro de Ceremonias de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, el Obispo le invita a presentarse a las oposiciones, incluso antes publicarse la resolución del Concurso de Curatos, dada su alta preparación intelectual. No hubo más opositor que él, y mereció la aprobación unánime del Tribunal. Tomó posesión del beneficio el 1 de agosto de 1929. Mons. Adolfo Pérez Muñoz le encargó, además, la Cátedra de Teología Pastoral del Seminario de Córdoba.

En 1931 don Bartolomé, junto con otros sacerdotes amigos, viaja a Uruguay, volviendo en julio del año siguiente.

La proclamación de la II República trastornó su vida; entre otras cosas, la supresión de la dotación estatal del clero hace casi imposible el sostenimiento del clero catedralicio. Por esto y por el fallecimiento del Arcipreste de Baena y párroco de Santa María la Mayor, el Obispo le pide que desempeñe estas funciones en 1933.

De su actividad pastoral tenemos noticias por un informe de 1936. Predica la Palabra de Dios los domingos y días de precepto. Retiros espirituales a los niños mayores, aspirantes de la Acción Católica. Atención a la Juventud Masculina y Femenina. Sermones en las festividades de las Cofradías. Obligación del Catecismo de adultos, siguiendo el Catecismo de San Pío X. El catecismo de niños se mantenía con regularidad cuatro días a la semana, con una asistencia media de 150 a 200 niñas y 70 niños. La visita a los enfermos la hace con regularidad, y teniendo además una sección de la Acción Católica que empezaba a funcionar.

El 19 de julio de 1936 los jornaleros de la FAI-CNT ganaron algunas calles de Baena. El día 23, con motivo del ataque de los anarco-sindicalistas a la posición que la Guardia Civil mantenía en la Parroquia de Santa María la Mayor, se incendió este magnífico templo con todo su tesoro artístico, echaron fuera de sus Colegios a las Religiosas Hijas del Patrocinio de María y a las Dominicas de Madre de Dios, e incendiaron sus iglesias. Al día siguiente, en una arriesgada salida de los sitiados en el cuartel de la Guardia Civil, pudieron ver en la calle el cadáver de don Bartolomé. Don Ángel González Muñoz relata: “El Sr. Arcipreste fue muerto a tiros en la vía pública con la saña de recibir los primeros disparos en los ojos y, semivivo, ser arrastrado hasta el patio del Colegio del Espíritu Santo donde, rociado con gasolina, se le prendió fuego. Ya herido, pedía que lo dejasen en atención a su anciana madre y teniendo sentidas súplicas a la Santísima Virgen, a la que invocaba con fe. También tuvo perdón para sus asesinos”.

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