Antonio Moreno Sevilla

Laico.(Chauchina, Granada, 30 diciembre 1889-Cañete de las Torres, Córdoba, 23 agosto 1936, 46 años)

 

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Su familia tenía hondas raíces cristianas, ofreciéndole una buena educación a él y a sus hermanos (dos varones y tres hembras). Su padres fueron el médico Fernando Moreno Jiménez y Adelaida Sevilla Marcos. Creció en Melilla, comenzando sus estudios de Derecho en Granada, destacando como excelente estudiante y hombre caballeroso y honorable. Decidió ser notario y, tras opositar, ingresó en el Colegio Notarial de Albacete. Más tarde hizo unas oposiciones internas entre notarios, consiguiendo la notaría de segunda categoría de Padrón (La Coruña) y, en los concursos ordinarios, las de Cuevas de Almanzora (Almería) y de Bujalance.

Casó en Granada con doña Rosario Torres López, que provenía de una familia de acendrada religiosidad. Tuvieron ocho hijos, todos varones, pero el mayor murió al nacer (quedando don Antonio como el mayor). A sus hijos siempre les inculcaron y dieron un profundo testimonio de vida cristiana. Era un hombre culto e instruido, con vastos conocimientos en muchas ramas del saber: Música, Artes en general (pintaba bien), Física, Náutica, Ingeniería, Astronomía, etc., que transmitía a sus hijos, juntamente con la fe y la piedad cristianas. En casa dirigía a diario el rezo en familia del Rosario, y asistía a los actos de culto en la Parroquia. Se solía sentar en los primeros bancos y no se salía durante los sermones. En Semana Santa llevaba el palio para la Reserva del Santísimo y adoraba la Cruz el Viernes Santo. A partir del 18 de julio de 1936, cuando se hizo imposible el culto en las iglesias, don Antonio leía a diario en su Misal latino las lecturas de la Eucaristía en su casa, rodeado de su mujer e hijos.

Como profesional era honesto, competente y cumplidor en todos sus destinos como notario. Llegado a Bujalance en 1931, pronto se granjeó el respeto de sus habitantes (a pesar de haber otro compañero notario). Por eso era popularmente conocido como “El notario católico”, aunque por su oposición a los hacendados de olivares de Bujalance que pagaban jornales por debajo de lo debido era conocido como “El notario rojo”.

Al inicio de la Guerra Civil se le intentó detener dos veces, con resultado infructuoso. Era consciente del peligro que corría. Uno de sus hijos le dijo: “Papá, te van a matar”, y él respondió: “No importa, porque lo que importa es que se salve España”.

Días antes de su muerte fue detenido en su domicilio. Un grupo de milicianos armados se presentó allí y le mostraron un papel en que se le ordenaba que ingresase en la Prisión del Pueblo, e indicaba a sus captores que lo tratasen con respeto y consideración, cosa que no hicieron sus captores. No se resistió y se fue tranquilo con ellos.

La cárcel estaba cerca de su casa, unos metros más abajo, junto a la Parroquia de San Francisco. Pudo ser visitado con frecuencia por su esposa, recogiendo ésta numerosos datos sobre su cautiverio. Siempre estuvo tranquilo y sereno, más preocupado por su familia que por él mismo. Sus carceleros le tuvieron siempre un trato respetuoso y hasta logró que sus hijos le visitasen y llevasen comida. Rezaba y dirigía el rezo del Rosario entre los presos, participando en los Ejercicios Espirituales que organizó el párroco también preso don Nicolás Hidalgo García (también mártir). En las cuatro notas que aparecieron ocultas en su colchón de la prisión, dirigía sus pensamientos a su familia y los impulsaba al perdón y la paz, y afirmaba que ya había confesado con don Nicolás (hecho corroborado en dos esquelas mortuorias posteriores a los hechos). En una nota decía: “No tengo por mí ningún miedo a nada ni por nada”.

Fue fusilado en el Cementerio de Cañete de las Torres al amanecer del 23 de agosto, en compañía de otras personas que murieron tranquilos y sin odio. Su cadáver fue sepultado allí mismo. Con motivo de unas obras en el Cementerio, su cadáver fue exhumado, apareciendo entre sus restos tres medallas y una cadena de oro, y fue trasladado al Cementerio de San José en Granada para reposar junto a los restos de su esposa.

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