Antonio Huertas Vargas

Sacerdote (Cañete de las Torres, Córdoba, 30 julio 1886 - Morente, Córdoba, 12 septiembre 1936, 50 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Procedía de una familia profundamente cristiana, contando con un tío materno sacerdote. Sus padres fueron Salvador Huertas Moyano y Marina Vargas Zurita, que le bautizaron al día siguiente de nacer en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Cañete de las Torres. Fue confirmado en ésta por Mons. Sebastián Herrero el 25 de mayo de 1887.

Con 12 años firmó la solicitud para ingresar en el Seminario de San Pelagio, “sintiéndose con vocación para servir a Dios Nuestro Señor en la carrera eclesiástica”. Su párroco declara que “es joven de una conducta moral y religiosa intachable y en quien se nota vocación al estado eclesiástico”.

Alcanzó el nivel de notable en sus estudios eclesiásticos, y fue ordenado presbítero en la Capilla del Seminario General y Pontificio de Sevilla el 23 de diciembre de 1911. A instancias de su tío sacerdote, entre 1912 y 1914 estudia en Sevilla hasta alcanzar la licenciatura en Derecho Canónico, “nemine discrepante”.

Es destinado, en 1914, como coadjutor de la Parroquia de Fuente Obejuna, y se le nombra administrador local de las fincas, censos y demás bienes de las capellanías de esta localidad y confesor extraordinario de las Religiosas de la Presentación de María.  Su párroco informa que “observa buena conducta, siendo asistente a todos los actos de culto y llevando siempre el hábito talar”. En 1916 preparó las oposiciones al cuerpo eclesiástico de la Armada, pero no obtuvo plaza.

En 1917 se presenta al concurso de curatos y obtiene en propiedad la Parroquia de San José de la Cañada del Gamo, con su anejo de Ojuelos Bajos.

La Parroquia a la que llega es minúscula. Pronto comienza a advertir ciertos trastornos de salud y da comienzo a sus continuos viajes a Madrid para ser atendido por los médicos de la capital de España. Allí permanecerá desde el 16 de noviembre de 1921 al 20 de mayo de 1922, y desde el 23 noviembre de 1923 al 19 de mayo de 1924. En el certificado médico se expone que padece neurastenia y para su curación requiere abstenerse de toda clase de trabajo intelectual. Lo cual no le impide asistir con asiduidad a los Ejercicios Espirituales anuales. Todo el año 1926 lo pasó en su pueblo natal gracias a un permiso ilimitado por su enfermedad.

Por su imposibilidad física y mental, don Antonio inicia el expediente de renuncia a su parroquia en 1927, que fue admitida el 30 de septiembre de 1927. Indica su informe médico: “Padece de neurastenia, cuya enfermedad requiere para su tratamiento abstenerse en absoluto de toda clase de trabajo intelectual”. A partir de entonces reside como sacerdote particular en Cañete de las Torres, viviendo junto a su familia, sirviendo y ayudando en la medida de sus posibilidades a la parroquia.

El 19 de julio de 1936 triunfa en Cañete de las Torres el anarquismo. A éste, que tenía como objetivo abolir todo lo religioso, sólo le importó que don Antonio fuera sacerdote, a pesar de tener muy mermadas sus facultades mentales. Los lugares, objetos de culto e imágenes religiosas fueron profanados e incendiados, e incluso el templo se usó para reuniones políticas. Comenzaron las detenciones, seguidas de los asesinatos, y don Antonio fue encarcelado junto con el párroco don Francisco Álvarez Baena y el coadjutor don Bernardo Suárez Jurado (también mártires) en un almacén de la Tercia, habilitado como cárcel.

Don Antonio y don Bernardo fueron fusilados en el cercano Cementerio de Morente, junto con otros siete hombres más de Bujalance. Todos los cuerpos fueron sepultados en una fosa común en dicho Cementerio. Fueron desenterrados a los pocos meses e inhumados en el de Cañete de las Torres.

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