Antonio Frutos Tena Amaya

Sacerdote (Benquerencia de la Serena, Badajoz, 25 junio 1905 - Malpartida de la Serena, Badajoz, 3 septiembre 1936, 31 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Sus padres Antonio Frutos Tena Izquierdo y Mercedes Amaya Morillo le bautizaron en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Benquerencia de la Serena el 30 de junio de 1905 En ésta fue confirmado por Mons. Guillamet, en su visita pastoral, el 8 de noviembre de 1916.

Con 13 años de edad solicitó el ingreso en la Preceptoría local porque sentía “verdadera vocación al estado sacerdotal”. Su párroco dice de él que “es de buenas y honestas costumbres, asiste al santo sacrificio de la Misa y ayuda a la catequesis de los niños de esta Parroquia, mostrándose con vocación al estado sacerdotal”.

Al concluir tercero de Latín, ingresó al Seminario de San Pelagio. La aplicación y el rendimiento en sus estudios van creciendo en él, y culmina sus estudios cuando consigue el grado de bachiller en Teología el 23 de diciembre de 1930. Inmediatamente don Antonio Frutos empieza a cursar primero de Derecho Canónico en el año 1931.

En estos años le acompañó y dirigió como rector del Seminario un sacerdote santo por su reconocida profundidad y saber espiritual, el beato mártir José María Peris Polo. Éste, el 30 de noviembre de 1931, avaló su idoneidad para el sacerdocio, recibiendo el presbiterado el 19 de diciembre de 1931 de manos de Mons. Adolfo Pérez Muñoz.

Fue destinado de inmediato a la Parroquia de San Benito Abad de Peraleda del Zaucejo (por entonces Diócesis de Córdoba y Provincia de Badajoz), y tomó posesión como cura ecónomo el 6 de enero de 1932. Fue su primer y su único destino pastoral. Era un territorio de misión, con una vida cristiana mínima y unos medios escasos. Además, eran pocas las personas que asistían a Misa los domingos y festivos, y entre las gentes la blasfemia era algo común y hasta habitual. El mismo templo parroquial era sencillo y pobre, sin cofradías ni asociaciones católicas, y sólo se intentó la implantación de las Hijas de María.

El retrato que tenemos de don Antonio (pocas veces usaba su segundo nombre de “Frutos”), escrito por un sacerdote que le conoció y trató profundamente, es el de un sacerdote muy servicial, sencillo, decidido para todo cuanto emprendía, de aspecto alto y delgado, cumplidor y andariego, debida esta última cualidad a que era aficionado a la caza.

El primer documento sobre su muerte, y muy breve, es el Informe del Provisorato de Córdoba para la Causa General, del 22 de noviembre de 1940: “En Peraleda del Zaucejo fusilaron en la noche del 3 de septiembre de 1936 al Párroco de entrada D. Frutos Tena Amaya, en el cruce de la carretera de Zalamea a Quintana”.

El 18 de agosto de 1942 don Damián Pérez García-Risco, cura ecónomo de la Parroquia de Santa María Magdalena de Castuera, envió otro informe al Obispado de Córdoba, también para la Causa General. Es algo más extenso y concreto en detalles. Indica que en Peraleda del Zaucejo se procedió al encarcelamiento de don Antonio Frutos y a la destrucción de todas las imágenes y ornamentos sagrados que había en la iglesia parroquial tras los sucesos del 18 de julio. Sacado de la cárcel, don Antonio Frutos permaneció detenido en su propia casa, pero al enterarse que se acercaban al pueblo unos milicianos de Granja de Torrehermosa, escapó con un hermano de menor edad que él. Detenidos ambos más tarde en Malpartida de la Serena (Badajoz), fueron llevados al Cementerio de esta localidad, donde fueron asesinados.

Sus restos fueron “depositados en un ataúd forrado de negro con adornos dorados, y éste a la vez en un nicho de mampostería, situado a la izquierda entrando del Cementerio de Benquerencia de la Serena), con la puerta o cierre orientada hacia el sur” (Partida de Defunción, 3 de septiembre de 1936).

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