Antonio Artero Moreno

Seminarista (Pozoblanco, Córdoba, 12 marzo 1912 - Valencia 15 septiembre 1936, 24 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Era hijo del matrimonio formado por los campesinos Rogelio Artero Pérez y María Catalina Moreno Ruiz. Le bautizaron el 15 de marzo de 1912 en la Parroquia de San Sebastián de Pozoblanco. El Sacramento de la Confirmación lo recibió de manos de Mons. Ramón Guillamet en dicha Parroquia el 6 de mayo de 1917.

El 5 de septiembre de 1925, con 13 años, escribió al Obispo solicitando su ingreso en el Seminario de San Pelagio. Añadió a su escrito el preceptivo informe de su párroco (3 de septiembre), que avala su petición: “Joven de buena conducta moral y religiosa, frecuenta los Santos Sacramentos, asiste con puntualidad a los actos del culto, y en el que se observan motivaciones al estado eclesiástico”.

Ingresó en el curso 1924-1925, cursando hasta cuarto de Teología y recibiendo cuatro Órdenes Menores, de las cuáles sólo está documentada la Orden Prima Tonsura el 15 de junio de 1935, en el Boletín de la Diócesis de Córdoba (78 (1935), 161). Éste publica también sus notas en los exámenes ordinarios del segundo curso de Teología, curso 1934-1935, con una nota media de “meritus-benemeritus” (ibíd., 185).

Los hechos acaecidos en Pozoblanco, tras el levantamiento militar e inicio de la Guerra Civil, se conocen por la abundante documentación conservada y los numerosos escritos publicados sobre el tema. Unos de los últimos, con numerosa y valiosa documentación y testimonios, es el libro del sacerdote don Francisco Granados Lara, “Un corazón de fuego. Vida y escritos del Beato mártir Bartolomé Blanco Márquez (1914-1936)” (BAC, Madrid 2009). Según él, la localidad estuvo primero en manos de la Guardia Civil hasta que, por la presión de las milicias republicanas, fue entregada a éstas el 15 de agosto de 1936. Este día fue “para muchos, un día de profundo dolor y desolación y, para otros, fue día de victoria y de venganza”. Un día llamado el día de “la gran persecución”.

Don Antonio fue detenido en esa fecha por su condición clerical, en la casa familiar y ante su madre y una de sus hermanas. Vino así a unirse a muchos otros vecinos del lugar ya presos. Se había pactado antes con los republicanos la libertad de todos y el respeto a sus bienes y personas, pero no se cumplió nada de ello. Los detenidos, entre ellos don Antonio, fueron introducidos en unas condiciones penosas en dos trenes que partieron con destino desconocido al mediodía y al atardecer del 16 de agosto de 1936.

Los condujeron a unos barcos-prisión en Valencia, el “Legzapi” y el “Azurmendi”, donde soportaron durante varios meses unas condiciones penosas. Muchos de ellos, sin juicio alguno, fueron fusilados en las cercanas Playas del Saler, la Malvarrosa y los estercoleros de Benimamet. “Hacia Valencia partieron unos 200 hombres de Pozoblanco y otros pueblos de Los Pedroches. Regresaron solamente siete”.

Don Antonio fue fusilado por los marxistas en Valencia el 15 de septiembre de 1936, recibiendo así la palma del martirio. Se desconoce dónde fue enterrado, posiblemente en alguna fosa común del Cementerio de Valencia. Al morir fuera de su tierra, su defunción no fue inscrita entonces en el Registro Civil de Pozoblanco. Lo fue más tarde, al instruirse la Causa General, y se hizo en el de Pozoblanco el 12 de diciembre de 1941 por decreto del Juez Municipal suplente.

El Archivo de Secretaría del Obispado de Córdoba, Sección de Estadística, conserva un documento titulado “Alumnos de este Seminario muertos por Dios y por la Patria”. Estos son los datos de don Antonio: “Murió: Asesinado. En Paterna (Valencia), ignorándose el lugar donde se encuentran sus restos, y la fecha exacta de su muerte. Datos obtenidos: En los días de la sublevación de Pozoblanco, hablando con D. Antonio Muiño, Director del Colegio Salesiano, de los trabajos porque estaban pasando en aquellos momentos le dijo: “Sr. Director, lo que estoy sufriendo sólo por Dios lo sufro, sólo por Él, y si es necesario morir, moriremos por Dios y por la Patria”. Al ir a Valencia después de la entrega de Pozoblanco (…) despidiéndose de sus padres les decía: “Confianza en el triunfo: yo no lo veré pero vosotros, sí”. Con la fe en el triunfo fue llevado a Valencia con otros muchos de Pozoblanco, a los que se les dijo, se les aseguraba la vida. Esperemos haya muerto con los mismos sentimientos que le animaban al despedirse de sus padres y hermanos”.

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