Andrés Serrano Muñoz

Sacerdote (Cabeza del Buey, Badajoz, 3 febrero 1884 - Cabeza del Buey, Badajoz, 13 agosto 1936, 52 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Fue bautizado el mismo día de nacer, en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Armentera de Cabeza del Buey. Era hijo de Eugenio Serrano Blázquez, jornalero, y Jacoba Muñoz López. El 8 de mayo de 1885 fue confirmado en dicha Parroquia por Mons. Sebastián Herrero.

Con 13 años pidió ingresar en el Seminario de San Pelagio, con el informe favorable de su párroco: “Ha observado buena conducta moral y religiosa y sus padres están reputados por pobres que no viven más que del trabajo eventual de sus manos”. En sus estudios seminarísticos fue un alumno aprovechado y constante. Recibió el presbiterado el 5 de junio de 1909 en el Salón de Obispos del Palacio Episcopal, de manos de Mons. José Pozuelo.

En su pueblo natal aguardó durante seis meses su primer nombramiento, que fue en el otro extremo de la Diócesis: coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Expectación en Encinas Reales. Tomó posesión de ella el 1 de febrero de 1910. Durante cinco años se ganó la confianza y el cariño de su párroco, que nunca dejó de elogiar su excelente conducta como coadjutor.

El 1 de febrero de 1916 llega a la Parroquia de San Antonio Abad de Obejo como cura ecónomo. En este lugar preparó las oposiciones a curatos, que le permitieron acceder el 9 de mayo de 1918 al curato propio de dicha Parroquia.

Durante los diez años que ejerce el ministerio sacerdotal en esta Parroquia mantendrá la vida de fe de sus feligreses, aunque comulgan pocos y no hay catequesis ni cofradías. Cuida el templo y la casa parroquial, y siempre está activo. Todos los años saldrá con asiduidad de la localidad para tomar las aguas medicinales a causa de los cólicos hepáticos y el reumatismo que padece, según el diagnóstico de los médicos. Lo hace gracias a la ayuda y la suplencia de los párrocos de Villaharta y Cerro Muriano. Su incapacidad se va agravando por esos males, y finalmente le lleva a solicitar al Obispo que acepte su renuncia al curato propio en 1929 y pide que se le asigne un cargo que sea llevadero con su enfermedad. El expediente de este asunto de don Andrés quedó concluido el 14 de enero de 1930, y recibió el nombramiento de capellán del Colegio de las Religiosas Carmelitas de la Caridad de Cabeza del Buey, colaborando, además, en la Parroquia de Ntra. Sra. de Armentera en algunos momentos concretos y puntuales.

A sus 46 años don Andrés era un sacerdote apartado de la pastoral parroquial directa por motivos de salud, aunque es recordado, en su última etapa en su pueblo natal y martirial, como un sacerdote ejemplar, muy cariñoso y extremadamente servicial. Por las tardes solía reunirse en la sacristía de la Parroquia con los otros sacerdotes de la localidad, y nunca dejaba de asistir por las tardes al rezo del Rosario.

Los grupos de izquierda de Cabeza del Buey, desde que tomaron el poder en febrero de 1936, comenzaron a acosar y cometer desmanes progresivamente contra todo lo que tuviese relación más o menos directa con la Iglesia Católica. No importaba que fuesen cosas o personas. Al inicio de la Guerra Civil, se formó un Comité Local. Y, una vez que la Guardia Civil abandonó la localidad, el 19 de julio de 1936, un Comité Revolucionario fue el único dueño y se dedicó a detener a todas las personas de derechas, para internarlos en la Parroquia.

Don Andrés fue detenido el 12 de agosto, junto con otros dos sacerdotes, el párroco don Julián Rivas Rojano y el coadjutor don Diego Balmaseda López (mártires también). Conducido al templo parroquial transformado en prisión, fue fusilado en la noche de ese mismo día frente a las tapias del Cementerio de Cabeza del Buey. Allí mismo fue sepultado.

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