Alfonso Guadix Fuente-Robles

Sacerdote (Montalbán, Córdoba 9 diciembre 1872 - Cañete de las Torres, Córdoba, agosto 1936, 63 años)

Por Miguel Varona Villar, director del Secretariado diocesano para las Causas de los Santos

Fue bautizado al día siguiente de nacer, en la Parroquia de Santa María de Gracia de Montalbán. Sus padres fueron Francisco Guadix Casado y Catalina Fuente-Robles López; tenía un hermano mayor también sacerdote, de nombre Agustín. Fue confirmado en su parroquia bautismal por Mons. Ceferino González el día 1 de marzo de 1878.

Solicitó ingresar en el Seminario de San Pelagio con 14 años. Su petición fue avalada por el Párroco de San Francisco y San Eulogio de Córdoba, el futuro Obispo de Plasencia, don Manuel de Torres: el muchacho “viene observando una conducta moral y religiosa intachable, mereciendo por ello la estimación y consideración de estos vecinos”.

Cursó con aprovechamiento sus estudios eclesiásticos, y recibió la ordenación sacerdotal en 1898. En espera de destino quedó adscrito a  la Parroquia de San Francisco y San Eulogio de Córdoba.

El 30 de julio de ese año se le nombra coadjutor de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Bujalance, primer y único destino de su vida sacerdotal. Aún hoy se le recuerda como una excelente persona, culto, de temple, serio, metódico, de voz potente y con cuerda de tenor.

Nada tuvieron que reprocharle los diversos párrocos a los que sirvió. Un informe de uno de ellos, don Bartolomé Rey Cerro, dice de él en 1904 que “viste el traje talar en todos sus actos públicos y privados, sin que nada desdiga de la moralidad de este estado sacerdotal”. Ocho años más tarde, otro párroco suyo, don Joaquín Pérez García de Dios reitera todo lo anterior: “Observa intachable conducta, viste constantemente hábito talar y lleva siempre la corona abierta”. Del año 1934 es el informe, también positivo, de don Teodoro Marín Camacho, su último párroco (y también mártir): “Viste siempre traje talar y cumple con exactitud todas las obligaciones de su cargo”.

También desempeñaba la capellanía de las Religiosas Escolapias, atendiendo a éstas y a sus alumnos, con el auxilio de los otros coadjutores.

Una de las preocupaciones de don Alfonso y la de otros muchos sacerdotes cordobeses, siguiendo las directrices de Mons. Pozuelo, era la difusión y la lectura de la buena prensa, frente a los numerosos panfletos y publicaciones de carácter laicista. Ya desde el año 1904 estaba suscrito a varias suscripciones católicas, que lee y difunde con celo.

Como se ha señalado ya, los hechos que condujeron al asesinato de los presos de Bujalance se desarrollaron con rapidez pasado el 19 de julio de 1936. Don Alfonso, posiblemente junto con su hermano don Agustín, fue conducido a la prisión municipal, posiblemente el día 21. Era una prisión improvisada, cerca del teatro del pueblo. Allí se encontró con los demás sacerdotes de la localidad y con el subdiácono don Rafael Martín Cubero (también mártir y víctima de la Persecución Religiosa). Los días de prisión, cercanos a las dos semanas, fueron muy duros para todos ellos, además de las noticias que les llegaban sobre las profanaciones y quema de iglesias de Bujalance.

Don Alfonso fue sacado de la prisión un día sin determinar de agosto de 1936 y, conducido al cercano Cementerio de Cañete de las Torres, fue asesinado a tiros y a golpes, como lo certifica el acta del Registro Civil después de la exhumación de su cadáver, inscrita en el Registro Civil de Bujalance el 26 de agosto de 1937: “Fue asesinado por los marxistas” y su cadáver “apareció atado fuertemente con una herida en la parte anterior del hombro con rotura de la clavícula y otra en el parietal derecho con destrozo de la bóveda craneana”. Fue sepultado en el Cementerio de Bujalance, donde sus restos reposan hasta el día de hoy.

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