Primer aniversario de la Capilla de Adoración Perpetua

El 12 de abril, se cumple un año desde que el Obispo inauguró esta capilla en la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación.

El 12 de abril de 2015 se inauguró la primera capilla de Adoración Perpetua en la que los laicos eran los encargados de realizar turnos de adoración al Santísimo de modo que el Señor siempre estuviera acompañado, las 24 horas del día, los 365 días del año.

En total hay inscritos 459 adoradores y cada semana son más de 300 personas las que dedican un tiempo de oración al Señor. “Son un regalo esos momentos acompañando al Señor. Mitiga los sufrimientos y es la oportunidad de devolver a Jesús y a la comunidad, una minucia de lo que me es dado cada día”, explica José Luis Albornoz, un informático de 33 años que suele ir de madrugada.

También por la mañana, numerosas personas comienzan el día rezando la liturgia de las horas en compañía del Santísimo. Este es el caso de Blanca García, que es una ama de casa de 55 años y que afirma que “El misterio de la Adoración es: el encuentro callado donde Él se desvela en el centro de mi alma”.

De otro lado, Enriqueta Venceslá Ramos de 50 años, madre y catequista en La Salle es también una de las adoradoras que va por la tarde y describe esta experiencia así: “Es un regalo, la cita ineludible. ¡El mismo Dios esperándome a mí! No hay palabras, hay que ir y encontrarse con Él para comprender lo que se vive en una Capilla de Adoración Perpetua” Y termina aprovechando para invitar a más fieles: “Córdoba es privilegiada por contar con ella. ¿A qué esperas?”.

Finalmente, están los testimonios de los adoradores que van por la noche, una ocasión propicia para hacer examen de conciencia, agradecer al Señor todo lo acontecido ese día y pedir las fuerzas para continuar la semana. Este es el caso de José Javier Frías, de 21 años, estudiante de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, que cuenta: “Para mí la Adoración eucarística es un momento muy importante dentro de la semana, porque es un encuentro en que me olvido de mí mismo para estar con Dios, alabarlo, darle gracias y pedirle por todas las cuestiones que llegan a mi vida, y estar con Él, y es un momento para tomar fuerzas para vivir la semana y seguir siempre en su presencia”.