Nueva obra de misericordia: “Corregir al que se equivoca”

Artículo publicado en Iglesia en Córdoba y escrito por Jesús Enrique Aranda, Formador del Seminario Menor "San Pelagio".

Consolar1-1024x680-720x447La corrección fraterna es una característica esencial en cualquier comunidad cristiana. Nace de un verdadero interés por la salvación y la santidad del hermano. Es fruto de querer el bien del otro. Las obras de misericordia nos ayudan a mirar más el bien de los demás. Nos hacen salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro. Nos sacude de la indiferencia en la que muchas veces vamos sumergiendo nuestra vida poco a poco. Sirve para apartar a una persona del pecado o del peligro de cometerlo o para desarraigar un defecto…

La obligación a corregir a nuestros semejantes cuando se equivocan es consecuencia lógica del amor que les debemos. Si tenemos obligación de socorrer a nuestros hermanos en sus necesidades corporales, con mayor razón hemos de ayudarle en esta obra de misericordia espiritual.

EN LA SAGRADA ESCRITURA

Ya en el Antiguo Testamento nos encontramos con referencias a la corrección fraterna. Corrige al amigo que quizá no obró con mala intención (…) a fin de que no lo haga más (…). Corregir al prójimo, antes de usar amenazas. (Eclo 19, 13. 17).

En el Evangelio nos encontramos con que la corrección fraterna es un precepto del Señor. “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano” (Mt 18, 15).

CÓMO PRACTICAR ESTA OBRA

Esta corrección no se debe hacer de cualquier forma. Primero ha de ser hecha siempre con mucha humildad, desde la conciencia de que nadie es perfecto, y reconociendo los propios defectos. Ha de realizarse no como un juicio sino como un servicio a la verdad y de amor al hermano. La corrección fraterna ha de ejercerse con firmeza pero sin asperezas, sin humillar al que es amonestado.

Antes de hacerla es conveniente que tengamos un discernimiento sobre la corrección que vamos a hacer, ya que se puede mezclar en nosotros otras intenciones que no sean tan santas. Es bueno escoger el momento oportuno.

'Ve, amonéstalo, tú y él solos'. La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia quien cometió una culpa, evitando las palabras que puedan herir y asesinar al hermano. (…)La finalidad es de ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho, y que con su culpa ha ofendido no solamente a uno, sino a todos. (S.S. Francisco, Ángelus del 7 de septiembre de 2014).

Vemos que la finalidad de la corrección es que el hermano crezca e intentar que no disminuya la estima que tiene de sí mismo. Ha de ejercerse sobre cosas realmente necesarias e importantes, sabiendo que habrá veces que la mejor manera que tendremos de ejercer la corrección será nuestra oración, y como no, nuestro ejemplo de vida que interpelará la manera de vivir y de obrar el hermano.

Como podemos comprobar, el ejercitar esta obra de misericordia es todo un arte que muestra siempre una caridad sincera, valiente y auténticamente sobrenatural.

La práctica de la corrección fraterna contribuye a que las personas, y por tanto, la sociedad crezca en el bien y sean más gratas a Dios. A la vez, se evitan críticas y murmuraciones, que quitan la paz en el alma y se habrán vivido otras muchas virtudes (fortaleza, humildad, comprensión…) a quien ejercita esta práctica del Evangelio.

Si la ejercitamos con rectitud y desde la humildad y la compresión, tras haber hecho un discernimiento, esta Obra de misericordia dará como fruto la paz en el corazón y la bendición sobre el que la ejerce y el que la recibe.