Enterrar a los difuntos, una buena obra de misericordia

Por Willy Lokfumo, Capellán del Tanatorio de Córdoba.

111Mes-difuntos-Foto-3Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Por un lado, las obras de misericordia corporales, en su mayoría salen de una lista hecha por Jesús en su descripción del Juicio Final -Mt 25, 31-46-. Y por otro lado, el cuadro de las obras de misericordia espirituales vienen de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo como el perdón, la corrección fraterna, el consuelo, soportar el sufrimiento, etc. ¿Cuáles son las obras de misericordia? Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales. Obras de misericordia corporales: Visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos y enterrar a los difuntos. Obras de misericordia espirituales: Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo y rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

MISERICORDIA EN LOS TANATORIOS Y EN LAS PARROQUIAS

De la breve presentación de las obras de misericordia corporales, puedo señalar las obras de misericordias que los sacerdotes de nuestra diócesis de Córdoba practican y ofrecen, no sólo para orar por los difuntos, sino también por los familiares de los difuntos que lloran sus difuntos en los tanatorios –en la Ciudad en Las Quemadas, Granadal y Fuensanta-, casas e iglesias aconsejándoles, consolándoles, confortándoles, etc.

Poniendo en práctica el comportamiento de Jesús que se compadecía del dolor ajeno: “Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Joven, a ti te digo: Levántate. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre” -Lc 7, 11-17-. Es una buena obra rezar por éstos para que sean liberados de sus pecados -2 Mac. 12, 46-.

ALGUNOS TESTIMONIOS

La muerte de un ser querido nos desgarra por dentro. A pesar del dolor de la muerte, los cristianos nunca estamos y estaremos en una situación desesperada, porque “Cristo ha resucitado, La muerte ha sido vencida” -Jn 20, 1-9-. Sabiendo que Dios ha creado al hombre a su imagen para vivir con él eternamente en su Reino, nosotros los cristianos vivimos con la esperanza cristiana y bendecimos a Dios, que vive eternamente, porque viviremos con una vida semejante a Él eternamente.

Es una alegría para mí como capellán del Tanatorio y sacerdote de la Fuensanta, de encontrarme con familiares de difuntos que celebran la muerte y resurrección de sus seres queridos con fe y esperanza cristiana, y llama a las puertas de las familias sin Fe ni Esperanza, o también de casos de los que ponen a Dios en el banco de los acusados por haber permitido la muerte de su padre/madre, su hija o su sobrino.  Con la muerte, se junta todo y se despiertan todos los males del mundo: la soledad, la depresión, el odio hacia un hermano/a que no quiso saber nada de la enfermedad de papa/mama, pero viene hoy para pedir la parte de la herencia que le corresponde, etc. Hay más de dos casos tristes y alegres vividos por los sacerdotes y tuvieron que ejercer sus ministerios sacerdotales en los tanatorios e iglesias parroquiales.