Dar de beber al sediento, entre las obras de misericordia

Por Laly Ramírez, Vicesecretaria General de Cáritas Diocesana de Córdoba.

DAR DE BEBER AL SEDIENTO1Todas las obras de misericordia corporales se refieren a situaciones en las que las personas sufren la carencia de bienes básicos para una vida satisfactoriamente humana. Entre estas necesidades, el agua, representa para las personas un bien de primera y absoluta necesidad. La carencia que provoca la sed, que prolongada hace la vida insoportable y acarrea la muerte segura.

Para los que gozamos del bien del agua de manera cotidiana, hasta para lo más insignificante, nos resulta difícil imaginar una vida sin agua. Para nosotros es tan fácil y rápido tener agua, que parece no tener sentido poner en práctica esta obra de misericordia: “dar de beber al sediento”. Y así, nos olvidamos de aquellos que la padecen cerca y lejos de nosotros. Quizá, lo primero es despertar nuestra conciencia, recordando, que sí hay personas que sufren por no tener agua o por tener sed. Una mirada contemplativa y comprometida nos descubrirá quiénes son, dónde están y como socorrerlos, especialmente descubriremos a aquellas personas, que muy cerca de nosotros, padecen la angustiosa experiencia de la sed, no sólo física, sino de compañía, de amistad o calor humano.

EL DISPOSITIVO NOCTURNO DE EMERGENCIA

En este sentido, Cáritas Diocesana es un cauce de búsqueda y encuentro de personas que viven en esta dolorosa situación. De manera particular, a través del dispositivo nocturno de emergencia. Se trata de un servicio de Cáritas en Córdoba, donde cada noche una serie de voluntarios recorren las calles de la Ciudad en una furgoneta para asistir a los “sin techo”.

Uno de los objetivos de esta acción es procurar saciar la sed de aquellos que se encuentra en la calle. En estos casos, las personas no solo sufren la escasez de agua, ya que por no tener, no tienen ni un hogar. Su “sed” también demanda cercanía, amistad, calor humano y sí, también agua. La experiencia de cuantos estamos comprometidos en ayudarles nos aporta un dato curioso: los sedientos somos nosotros y ellos nos dan de beber agua abundante. Con probabilidad absoluta, ellos escucharán un día de labios del Señor “Venid benditos de mi Padre… porque tuve sed y me disteis de beber”.