Nueva obra de misericordia: Dar buen consejo al que lo necesita

Florencio Muñoz, Párroco de Nuestra Señora del Castillo en Fuente Obejuna.

como-dar-consejosEste año la Iglesia nos invita a vivir el año de la Misericordia. Un año en el que experimentemos en nuestra propia vida esa compasión que tiene el Señor con cada uno de nosotros. Uno experimenta en su propia vida el sufrimiento que produce el alejarse de Dios, pero a la misma vez experimenta esa gran alegría y paz al sentir su perdón. Pero este año debe servirnos a nosotros para ser también instrumentos de misericordia en medio de nuestro mundo. Ser misericordiosos significa sentir compasión y ternura por los sufrimientos de los demás; hacer nuestros los problemas del hermano.

Este año podríamos preguntarnos: y yo ¿cómo puedo ser instrumento de misericordia en medio del mundo? ¿cómo pueden ver los demás en mí ese rostro amable y misericordioso del Señor? De la manera más sencilla: por medio de las obras de la misericordia. Las obras de misericordia hacen visible y efectivo el precepto del amor de Dios.

¿QUÉ SIGNIFICA ESTA OBRA DE MISERICORDIA?

Es ante todo una actitud que nace del corazón. Es querer dar consuelo, iluminar ayudar al prójimo en su propia vida, siempre con una finalidad, y es que ese hermano alcance el bien. Cuando ese consejo nace del amor y del interés por el otro, será bien recibido y al mismo tiempo hará maravillas a la persona que busca una ayuda. Dar consejo no siempre es fácil. Existe ese temor de ¿será aceptado? ¿Lo acogerá? Lo mejor para dar un buen consejo es examinar primero nuestra propia vida. Caer en la cuenta por todos los momentos que hemos pasado en nuestra vida, etapas de luces y etapas de oscuridad. En todas ellas tenemos la certeza de que Dios ha estado con nosotros, de que nos ha tendido su mano. Esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo puedo ayudar yo al hermano?  Iluminaremos su propia vida con las mismas luces que el Señor puso en la nuestra. Se tratar de hacer ver al otro que yo no tengo solución a sus problemas, sino que es Dios quien guía nuestra vida. Este consejo debe ir siempre acompañado de humildad y ternura.

EN LA SAGRADA ESCRITURA

“Los guías espirituales brillarán como resplandor del firmamento”. (Dan. 12, 3) No se trata de ser directores espirituales de todo aquel que nos encontremos en nuestra vida, pero sí de buscar la mejor dirección del alma del hermano. Y si hay alguien que pueda guiar esa alma es el Señor.

En nuestra propia vida encontramos cada día muchísimas oportunidades para dar consejo a ese hermano que tanto lo necesita. En nuestro propio matrimonio, nuestros hijos y nietos, amigos, compañeros de trabajo. Son muchas las personas que no solo lo necesitan, sino que además agradecen ese consejo. La persona cae en la cuenta de que haces tuyos sus propios problemas. Descubren en ti ese rostro misericordioso del Señor que viene a iluminar ese sufrimiento.

Hermanos tenemos una oportunidad de oro para vivir este año de la misericordia. Pero sobre todo tenemos una oportunidad de oro para experimentar esa misericordia de Dios. Cuando uno da recibe el ciento por uno.