Antonio Prieto: “AL es uno de los documentos más esperados de los últimos tiempos”

Uno de los mayores especialistas de nuestra diócesis en temas de familia es el sacerdote Antonio Prieto. Doctorado en Roma, en estudios de matrimonio y familia, forma parte del equipo de la delegación de familia y vida de la Diócesis. Esta semana ha sido el encargado de clausurar la Semana de la Familia con una ponencia sobre el documento Amoris Laetitia. Iglesia en Córdoba ha tenido la oportunidad de entrevistarle sobre la Exhortación Postsinodal.

_MG_1683IeC.- Según tu parecer ¿hacían falta los Sínodos sobre la Familia y, en concreto, la exhortación Amoris Laetitia?

Creo que sí. La rica enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, insistentemente propuesta desde el Concilio Vaticano II, no ha calado suficientemente en el pueblo cristiano. En muchos aspectos es prácticamente desconocida y esto supone un gran empobrecimiento. A veces nos ocurre que los documentos magisteriales pasan por nosotros “sin pena ni gloria”. No los estudiamos ni sacamos de ellos todas las consecuencias que tienen para nuestra vida de cada día. Los dos últimos sínodos sobre la Familia, con todo el interés que han suscitado, han abierto un surco que puede favorecer la recepción de Amoris Laetitia, que sin los sínodos previos, podría pasar por “un documento más”. Gracias a los sínodos, en cambio, la Exhortación se ha convertido en uno de los documentos de la Iglesia más esperados de los últimos tiempos. Ahora nos toca a todos leerla despacio y entenderla bien, porque la repercusión mediática de los sínodos no ha estado exenta de confusión, malentendidos y de tergiversaciones que no han ayudado mucho.

IeC.- ¿Cuál ha sido tu sensación después de conocer íntegramente el documento?

Muy parecida a la que tuve después de leer la Exhortación Evangelii gaudium. Uno se siente invitado a evangelizar con esperanza, con alegría. Es un documento que “despliega velas”, que nos motiva a salir del desánimo, de la tibieza y la mediocridad. No podemos estar siempre quejándonos de lo mal que están las cosas. Creo que Amoris Laetitia es una poderosa invitación a tomarnos muy en serio y con mucho realismo lo que significa el amor humano y la pastoral familiar, no limitándonos a hablar de ella, ni siquiera a “hacer cosas” o dar charlas a matrimonios, sino a “familiarizar” realmente nuestra pastoral, convirtiendo a la familia en verdadero “sujeto” de Evangelización.

IeC.- Dentro de la gradación de los documentos magisteriales ¿qué lugar ocupa una exhortación postsinodal?

Pertenece al Magisterio ordinario del Santo Padre, por lo tanto ha de recibirse con el debido obsequio religioso del entendimiento y la voluntad. La Exhortación Amoris Laetitia es eminentemente pastoral y no pretende definir ninguna doctrina nueva de carácter dogmático, pero se apoya en grandes verdades enseñadas en la tradición de manera unánime, por todos los obispos en comunión con el Papa, como pueden ser la indisolubilidad del matrimonio o la unidad intrínseca de los significados unitivo y procreativo del acto conyugal, que son verdades que hemos de acoger con obediencia de fe.

IeC.-¿Qué añade de nuevo AL?

Creo que añade una fuerte llamada a una “conversión misionera” (n. 201) y a una “atención pastoral misericordiosa y alentadora” (n. 293). Como ha escrito recientemente el profesor Pérez-Soba, se pueden distinguir tres tipos de textos en la Exhortación: los que sistematizan las aportaciones de los Sínodos, que el Papa hace suyas como parte de su magisterio; los que comentan sus Catequesis anteriores, ofreciendo orientaciones preciosas para la convivencia familiar y para reconocer la presencia de Dios en la familia; y los textos en los que el Papa habla muy libremente, casi sin referencias, sobre todo en los capítulos cuarto y quinto. Estos son los textos más originales y novedosos de la Exhortación. Finalmente, creo que es también novedosa la insistencia del Papa en la necesidad de afrontar el enorme desafío antropológico y cultural que supone la “Ideología de género” (n. 56) y una adecuada educación afectivo-sexual de los jóvenes (nn. 120-122).

IeC.- Has hablado en tu conferencia de este viernes pasado de una hermenéutica de la continuidad respecto a todo el Magisterio y en concreto respecto a Familiaris Consortio ¿a qué te refieres con esa expresión?

A que hay que leer Amoris Laetitia en continuidad con todo el magisterio anterior relativo al matrimonio y la familia, y particularmente con Familiaris Consortio, a la que el Papa cita con frecuencia. Esta hermenéutica de la continuidad es la forma adecuada de recibir los documentos magisteriales, y se opone a una “hermenéutica de la ruptura”, como si la enseñanza de un Pontífice pudiera revocar lo afirmado por otro anterior sobre la fe o la moral. En este sentido, creo que Amoris Laetitia supone una nueva profundización, una actualización y una inculturación adecuada para nuestro tiempo, cargada de realismo y misericordia, de la enseñanza de Familiaris Consortio; pero que no viene a invalidar ni a superar la enseñanza de este documento, sino a desarrollarlo y a aplicarlo más vivamente, frente a los retos y los desafíos de la pastoral familiar en nuestra cultura actual.

IeC.- En el capítulo octavo el Papa habla de "acompañar, discernir e integrar la fragilidad" ¿cómo entender esto?

El capítulo octavo es el más delicado de la Exhortación. Se refiere a la pastoral de los bautizados que han contraído un matrimonio solo civil, que son convivientes, o que han puesto fin al compromiso asumido y de inmediato han instaurado uno nuevo. Ante estas situaciones el Papa nos pide una atención pastoral misericordiosa y alentadora, sin condenar a nadie para siempre. A veces se llega a estas situaciones, no por rechazo al matrimonio cristiano, sino por razones culturales y coyunturales. De manera gradual hay que acompañar estas situaciones para que, con la fuerza de la gracia, lleguen a la plenitud del amor conyugal y los esposos puedan comprender, valorar y practicar las exigencias objetivas de la ley moral.

IeC.- Acompañar es quizás bastante entendible pero ¿discernir? ¿quién discierne? ¿bajo qué criterios?

El discernimiento es una tarea de los pastores de la Iglesia, que ha de hacerse responsablemente de acuerdo con la enseñanza del Magisterio y con una actitud de misericordia, que evite que quienes viven en situación irregular puedan sentirse excomulgados de la Iglesia. Siguiendo una lógica de la integración, de lo que se trata es de ver cómo y hasta qué punto los fieles bautizados que no viven de manera plena el ideal del matrimonio cristiano pueden participar en la vida de la Iglesia. Para este discernimiento de las diferentes situaciones, el Papa no ha querido ofrecer una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos (n. 300), sino que, a parte de ponderar las circunstancias atenuantes (nn. 301-303), nos anima a apreciar, con renovado ardor, las orientaciones ya dadas por la Exhortación Familiaris Consortio, el Catecismo de la Iglesia y por la Relatio finalis del último Sínodo, para evitar caer en un relativismo moral que constituiría una falta de fidelidad al Evangelio (n. 307).

IeC.- Parece que hay una especie de obsesión por el hecho de la comunión sacramental pero el Papa habla de otras formas de integración en la comunidad eclesial para personas con situaciones irregulares ¿cómo pueden vivir la fe estas personas en comunidad?

Efectivamente, el Papa no centra su discurso en el tema de la comunión eucarística de los divorciados vueltos a casar, a la que solo se hace referencia indirecta en dos notas a pie de página del largo capítulo octavo (notas 336 y 351). En cambio, cita literalmente el texto de la Relatio finalis del último Sínodo (n. 84): “es necesario, por ello, discernir cuáles de las diversas formas de exclusión actualmente practicadas en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas” (n. 299). Finalmente, invita a quienes tengan dificultades para vivir plenamente la ley divina a recorrer la via caritatis, a practicar la caridad fraterna, que es la primera ley de los cristianos (n. 306), y a buscar el consejo de sus pastores, o de laicos que vivan entregados al Señor, para encontrar luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y cómo pueden hacer un camino de maduración. A los pastores, el Papa nos exhorta a escuchar con afecto, serenidad y comprensión, y a ayudar a nuestros fieles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia (n. 312). Que el Señor nos de luz y acierto para comprender y practicar adecuadamente esta importante invitación del Santo Padre a la pastoral familiar.