Otra obra de misericordia, vestir al desnudo

José Luis Rodríguez, Gerente de la casa de acogida de Cáritas “Madre del Redentor”.

Hogar del Transeúnte (33)Vestir al desnudo es más que dar ropa o vestido a quien lo necesita. Cierto es que el vestido es un bien necesario y primario, pero la necesidad de abrigo, para muchas personas, va más allá del mero protegerse del frío o cubrirse el cuerpo. Hay una desnudez mucho más profunda. Es la desnudez de quien tiene frío de un mundo que lo excluye, incapaz de arropar sus necesidades.

Compartir nuestra ropa con el que está desnudo, es una exigencia evangélica a poner en práctica con el que lo necesita, pero también, ha de sentirse acogido, y experimentar que, de alguna manera, se siente valorado, reconocido en su dignidad, respetado y tenido en cuenta. Se trata de abrigar su desnudez con una cercanía especial de solidaridad, generosidad y afecto.

CÁRITAS DESDE LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Cáritas Diocesana materializa su ser en obras concretas de caridad, todos sus programas pretenden ser un humilde y pequeño reflejo, de la misericordia que el Padre nos concede y que Cristo nos transmitió con su ejemplo. Sabemos, que el testimonio de aquellos primeros cristianos que ponían todo en común, según nos narran los hechos de los Apóstoles, sigue vigente hoy en tantas personas comprometidas que de manera silenciosa ejercen la misericordia acercándose al desnudo, cubriendo al que pasa frío y trabajando con sus propias manos para remediar sus necesidades.

PROGRAMA DE RECOGIDA DE ROPA

Así lo experimentamos y lo vivimos de manera particular en Cáritas a través del programa de recogida de ropa, con la que satisfacer las necesidades de aquellos que no tienen medios para vestirse.

La ropa de segunda mano que la gente nos da, tiene una doble dirección, en primer lugar para aquellos que la necesitan, este año pasado hemos podido ayudar a más de mil personas; en segundo lugar reciclando la que no está en buen estado. Este modo de trabajar ha permitido, crear varios puestos de trabajo para personas con dificultades de inserción en el mercado laboral, consiguiendo con ello, no sólo “vestir al desnudo” sino “revestir de dignidad” a quien sufre la exclusión.