Oremos por los que nos gobiernan

En la Palabra de Dios de este domingo, san Pablo ruega a Timoteo que “hagáis oraciones, plegarias y súplicas… por los reyes y por todos los que nos gobiernan” (1Tm 2,1-2). En la oración de la Iglesia, aparece continuamente esta petición “por los que nos gobiernan”, sean del signo que sean. En las peticiones de la Misa, en la gran oración de intercesión del Viernes Santo, en toda ocasión: oremos por los que nos gobiernan. La Iglesia nos invita a orar por los que nos gobiernan, no en virtud de nuestra coincidencia con ellos, sino en virtud de que los constituidos en autoridad tienen la preciosa tarea de servir el bien común, el interés general, y para ello necesitan la virtud de la prudencia. Esa virtud viene de lo alto, y por eso hemos de pedirla a Dios insistentemente para ellos.

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“Para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, en paz” (ibid.). Ese es el objetivo de los que gobiernan: que vivamos en paz. “La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino con toda exactitud y propiedad se llama «obra de la justicia»”, dice el Vaticano II (GS 78). Si no hay justicia, no puede haber paz. Pero además de la justicia, la paz es un don de Dios y el fruto del trabajo del hombre, particularmente de los que rigen los destinos de los pueblos  He aquí un bien precioso, la paz, que no está al alcance de todos en todas las partes de la tierra. Cada día nos sorprenden noticias de guerras, conflictos, enfrentamientos, atropello de derechos humanos, injusticias horribles.

La situación política que estamos viviendo en España es preocupante, nos afecta a todos los ciudadanos, también a los cristianos (que somos la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles). Tenemos que orar por los representantes de nuestro pueblo, para que, dejando a un lado sus intereses egoístas, busquen de verdad (no sólo de palabra) el interés general de España. Lleguen a acuerdos y pueda haber un gobierno estable que afronte los problemas de cada día en nuestro país y los grandes problemas en el concierto de las naciones. ¿Confiamos que la oración puede alcanzar lo que nuestros consensos humanos son incapaces de lograr? La Palabra de Dios nos exhorta a que oremos por los que nos gobiernan para que llevemos una vida en paz.

El Papa Francisco convoca a todos los católicos a que nos unamos a su oración por la paz en el mundo. Particularmente en la Jornada de Asís del 20 septiembre, a la que se unen también ortodoxos, protestantes, judíos, musulmanes y otros líderes religiosos. Quiere el Papa que todos, desde nuestras parroquias e instituciones católicas, unamos nuestra oración a la suya y a la de los líderes religiosos que confluyen en Asís. Puede ser la Santa Misa, o un tiempo de adoración, o el rezo del Rosario u otro acto piadoso. Oremos con confianza por la paz del mundo, que tanto necesitamos.

Es especial intención del Papa Francisco mostrar al mundo entero que la religión no es causante de la guerra, sino factor de paz. Por eso ha titulado la Jornada “Sed de paz. Religiones y culturas en diálogo”. Que no se puede matar en nombre de Dios, que no se pueden invocar razones religiosas para atropellar los derechos humanos. Que la religión en todo momento debe ser un factor de paz y de convivencia, de respeto y de tolerancia. Y nunca más causa de guerra.

El cuarto mandamiento de la ley de Dios nos enseña a respetar a nuestras autoridades, a cualquier nivel. Autoridad es la capacidad de hacer crecer una ciudad, un pueblo, a cada persona. La autoridad y su ejercicio supone actitud de servicio, entrega, “caridad política” incluso. Los católicos no deben temer hacerse presentes en la vida pública, en las instituciones educativas y familiares, en los sindicatos y en las empresas. El servicio unido a la autoridad es para el crecimiento de los demás.

Pidamos a Dios por los que nos gobiernan para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, no sólo a nivel de nuestro entorno, sino a nivel mundial, porque se cumpla toda justicia.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba