Amoris laetitia, carta del Papa

“Amoris laetitia” (La alegría del amor), así se llama la Exhortación apostólica postsinodal firmada por el Papa Francisco en la fiesta de san José el pasado 19 de marzo y publicada el 8 de abril. Con este documento, el Papa Francisco nos presenta actualizada la doctrina católica sobre el amor humano vivido en la familia. Con este documento de fondo hemos celebrado en nuestra diócesis de Córdoba la XXI (21ª) Semana de la Familia, y en su análisis y presentación se han entretenido el cardenal Fernando Sebastián y D. Antonio Prieto, rector de nuestro Seminario San Pelagio. Sus conferencias pueden volver a verse y oírse en la web de la diócesis.

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Se trata de un documento que rebosa frescura evangélica, que llega a detalles muy concretos, que entra a fondo en el hogar familiar donde se vive y se experimenta el amor humano transfigurado por la caridad, el amor de Dios que enciende el fuego en nuestros corazones y hace de cada hogar una Iglesia doméstica. Dice el Papa: «La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio “el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia”. Como respuesta a este anhelo “el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”» (n.1).

Teniendo como referencia el hogar de Dios Trinidad, donde las tres personas divinas conviven en amor eterno, y mirando a la Sda. Familia de Nazaret en la que conviven Jesús, María y José, el matrimonio es el sacramento que consagra el amor humano, cuyas raíces se encuentran en la misma naturaleza humana: un hombre y una mujer, iguales en dignidad, distintos para ser complementarios, abiertos a la vida, en comunión de vida y amor para siempre hasta que la muerte los separe. No se trata sólo de un ideal, sino de una realidad de gracia, a la que todos están llamados, vivida por muchísimas familias, en las cuales han nacido y crecido los hijos, que a su vez han constituido su propia familia, según este paradigma evangélico.

La carta del Papa tiene en cuenta las múltiples dificultades por las que atraviesa hoy la familia, inventada por Dios, se hace cargo de las múltiples crisis que la amenazan e invita a la Iglesia a acoger a cada persona en su situación concreta, aunque esté lejos de la plenitud. El Papa nos invita a recorrer junto a tales personas sus distintas situaciones para llevarlos a la plenitud de la alegría y de la felicidad que Dios tiene preparada para cada persona. Dificultades de fuera como la falta de trabajo, de una vivienda digna, de la dignidad de la persona. Y dificultades de dentro como la falta de compromiso para toda la vida con las rupturas que ello genera y el dolor que siembra en su entorno, particularmente en los hijos, el egoísmo en todas sus formas que constituye la gangrena del amor, las posturas antinatalistas que conduce a sociedades envejecidas sin relevo generacional.

La carta del Papa no rechaza a nadie, no excluye a nadie. Todos están llamados a vivir esta buena noticia, también las personas que todavía lo vivan parcialmente. Todo valor positivo debe ser reconocido y alentado, acompañado por la gracia en la esperanza de que dé fruto en su momento. Y el sacramento del matrimonio debe ser mejor preparado, durante un periodo más largo e intenso de catequesis para que los jóvenes descubran la belleza del plan de Dios y puedan disfrutarla.

La dignidad de la mujer, pisoteada tantas veces por el machismo y la violencia doméstica, el respeto al crecimiento sano de niños y jóvenes, sometidos en muchos lugares al trabajo esclavo o al abuso sexual, el cariño a los mayores como riqueza común de la humanidad, la fidelidad de los esposos, la apertura generosa a la vida en el respeto al hijo como un don, que no se fabrica. Estos y otros muchos temas son tratados siempre con aliento positivo, con el amor que es capaz de sanar todas las heridas.

Leamos esta Exhortación del Papa Francisco con piadoso obsequio de la mente y del corazón, con deseo de llevarla a la práctica, difundamos su doctrina en nuestro entorno. En los grupos familiares debe concedérsele especial atención, en las catequesis prematrimoniales debe convertirse en referencia. Todos vivimos en familia, la Iglesia tiene que crecer cada vez más en este tono familiar a todos los niveles. La alegría del amor debe ser la tónica del encuentro para todos.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba