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Carta semanal

“Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia”. Oración por la unidad de los cristianos

Todo este camino hacia la unidad de los cristianos tiene que ir regado con mucha oración y penitencia. Pues la unidad de los cristianos en una sola Iglesia, con todos los sacramentos, en unidad de fe y bajo la autoridad del Sucesor de Pedro, ha de ser un don de Dios implorado insistentemente. Dios cuenta, además, con que se lo pidamos para concedérnoslo.

Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

¿Cuál es pecado del mundo? Son nuestros pecados personales, por los que rompemos con Dios, prefiriendo nuestra voluntad y capricho a la voluntad de Dios, que quiere nuestra felicidad verdadera. Jesucristo ha venido para restablecer esa relación con Dios, rota por el pecado. Son nuestras rupturas con los demás, llevados por nuestro egoísmo en sus múltiples manifestaciones.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría

La Navidad concluye con la manifestación universal de Jesús, pues él ha venido para salvar a todos los hombres. La epifanía del Señor es una fiesta misionera, una luz que alumbra a todo el que se acerca. Son tres los misterios de la vida de Jesús que se actualizan en la Epifanía: la adoración de los Magos venidos de Oriente, el bautismo en el Jordán y las bodas de Caná.

La alegría del amor en la familia

La fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret nos invita a reforzar las verdaderas motivaciones del matrimonio. Si es un invento de Dios, tiene que ser bueno, tiene que ser posible, tiene que ser fácil. Las cosas de Dios están a nuestro alcance si confiamos en él, si invocamos cada día humildemente su gracia y acudimos a quien puede fortalecernos.

Hoy es Navidad

Navidad es María, la virgen madre del Niño que nace en Belén. La persona humana más importante de la historia, una mujer sencilla y humilde, dispuesta a servir, entregada de lleno a la misión encomendada. ¡Cómo nos enseña María a vivir la Navidad verdadera! Y junto a ella, José su esposo, verdadero padre (no-biológico) de Jesús, que se ocupa de su familia, la protege, le da cobijo.

Una madre virgen

La virginidad es un perfume de Navidad. Acercarse al portal de Belén nos trae ese aroma, una vida nueva, una vida que tiene en Dios su origen, que tiene en la tierra una madre virgen, que se prolonga en tantas personas especialmente consagradas por el don de la virginidad y que tienen en Jesús, en María y en José su referencia.

Alegraos siempre en el Señor

El anuncio evangélico es siempre anuncio de alegría y gozo para todos. Los ángeles en la noche de Belén así lo cantan: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Nos preparamos a la Navidad con esta alegría y este gozo, que brotan de saber que Jesús está en medio de nosotros. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”, nos recuerda el Papa Francisco.

La Purísima

El tiempo de adviento es tiempo de esperanza y tiempo de purificación de esa esperanza. Nada ni nadie de este mundo podrá llenarnos. Sólo Dios podrá hacerlo, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él. El tiempo de adviento purifique nuestra memoria, mirando al pasado y proyectándonos en el futuro, acogidos a su infinita misericordia. Que el tiempo de adviento con María os prepara para la venida del Señor.

“Estad en vela, estad preparados”

Comenzamos un nuevo Año litúrgico, una nueva etapa de nuestro camino hacia el cielo. El Año litúrgico gira en torno a Jesucristo, dura un año natural, pero comenzando antes para prepararnos a Navidad, al nacimiento de Jesús en Belén. Y terminó el pasado domingo, fiesta de Jesucristo Rey. La vida cristiana no es una repetición monótona de lo mismo, el Año litúrgico tampoco.

Año de la misericordia ¡Viva Cristo Rey!

El Año de la misericordia ha sido un año repleto de actos y de momentos para caer en la cuenta de que la misericordia constituye el corazón del Evangelio. Ha sido un año para acoger el gran perdón de Dios para toda la humanidad y para cada uno de nosotros. Y ha sido un año para ejercitarnos en la práctica de las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales.