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Carta semanal

La ciudad se llenó de alegría

¿Cuál es el fundamento de esta alegría cristiana? Es una alegría que brota de la fe, de tener a Dios, que se nos entrega generosamente en su Hijo Jesucristo. Por eso, la ausencia de Dios genera tristeza y desaliento. El Dios de Jesucristo nos ha abierto de par en par su corazón para entregarnos lo que más vale: su Hijo hecho hombre y el Espíritu Santo que brota de las llagas del Resucitado, como de un manantial a borbotones.

13 de mayo, Virgen de Fátima

“Fátima es sin duda la más profética de las apariciones modernas”, declaraba el Vaticano en el año 2000. Con estas apariciones, María ha acompañado a la Iglesia a lo largo de todo el siglo XX. Y la Virgen de Fátima tendió su mano protectora sobre el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981, librándolo de la muerte en el atentado contra su persona en la plaza de san Pedro en el Vaticano. El acontecimiento de Fátima llama poderosamente la atención.

Empujados por el Espíritu. “Aquí estoy, envíame”

Estamos contentos porque nuestra diócesis de Córdoba continúa cada año acogiendo el don de estas vocaciones consagradas a Dios. Además de varios jóvenes cordobeses para la vida religiosa en distintas Congregaciones, son 12 los seminaristas que por el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes dan un paso decisivo en su preparación inmediata al sacerdocio.

Emaús

Emaús es toda una catequesis eucarística. Cuántas veces acudimos al Misterio de la fe, a la Santa Misa con los ojos vendados y con el corazón frío. La Eucaristía es la celebración de este encuentro con Jesús. Él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan. Tú, escucha, acoge la Palabra, deja que el Señor caliente tu corazón y encienda tu fe, y lo reconocerás en la Eucaristía, y tu vida encontrará sentido cuando parece que ya no lo tenía.

Ha resucitado, aleluya

El acontecimiento de la resurrección es un hecho real, no imaginario ni virtual. Le sucedió al mismo Jesús, de manera que ya no está muerto, su sepulcro está vacío: “No busquéis entre los muertos al que vive, porque ha resucitado”. Es un hecho histórico, que sucedió en un lugar y en una fecha concreta y ha dejado huellas históricas constatables. Y sobre todo, es un hecho del que hay numerosos testigos, que lo han visto, han estado con él, lo han tocado.

Libre hacia la muerte

Entremos con Jesús en Jerusalén, aclamémosle con palmas y ramos, uniéndonos al griterío de los niños y jóvenes que le aclaman como rey: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Participemos en la liturgia de estos días santos. La Misa Crismal del martes, donde se consagra el santo Crisma para los sacramentos y los sacerdotes renuevan sus promesas (invitados también especialmente los que se van a confirmar).

Jesús se echó a llorar

Jesús es la Vida, tiene la vida que el Padre le ha comunicado y la capacidad de darla a quien la haya perdido. Sobre todo, tiene la capacidad de darnos su propia vida, la vida sobrenatural del Espíritu Santo en nuestras almas, por medio de los sacramentos que nos vivifican y por medio de su Palabra. El bautismo es el sacramento por el que nacemos a la vida de Dios en nosotros. La Eucaristía es el sacramento que alimenta en nosotros esa vida de Dios.

Jornada por la vida

El lema de este año en esta Jornada por la vida proclama: “La luz de la fe ilumina el atardecer de la vida”. Cuando la vida se ha desarrollado, conoce su zenit y conoce su ocaso, está sometida a la fragilidad y a la debilidad del sufrimiento, está encaminada a la muerte antes o después. Y aquí la luz de la fe nos aporta otra dimensión: la persona humana no es un ser para la muerte, sino para la vida, y para una vida eterna que no conocerá ocaso.

“Dame de beber”

La cuaresma es camino de preparación para la Pascua, y la Pascua culmina con el don del Espíritu Santo en Pentecostés. Ese mismo Espíritu Santo que brota del costado de Cristo, traspasado por la lanza, del que salió sangre y agua. El mismo Espíritu que abrasa las entrañas de Cristo en la Cruz, hasta hacerle gritar: “Tengo sed” (Jn 19,28). El Espíritu Santo que ha resucitado a Jesús de entre los muertos y lo ha inundado de gloria.

Qué bien se está aquí

La cuaresma es camino de preparación para la Pascua, es una etapa de penitencia, de ayuno, de esfuerzo. La Iglesia nos sitúa ante este momento de la transfiguración, como hizo Jesús, para confortarnos en medio de nuestras penitencias con la meta de este camino ascensional. Cuando se tiene clara la meta es más fácil afrontar las dificultades del camino. La religión cristiana no es la suma de nuestras prácticas penitenciales.